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Fuente: АrсhDаilу

Mirador Ñielol / Jaime Inostroza

© Andrew Pielage

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Texto descriptivo proporcionado por los arquitectos. A solo siete minutos caminando desde el centro de Temuco se encuentra la entrada principal del Cerro Ñielol por la calle Prat. Este eje une el pie del cerro con el otro borde de la ciudad, el río Cautín. En Chile existen solamente diecisiete monumentos naturales declarados y uno de ellos es el cerro Ñielol. El ascenso al cerro se inicia sutilmente por un camino sinuoso que sigue las curvas de nivel de la topografía existente. Este camino formado por la densidad de la sombra del follaje de los árboles nativos es repentinamente iluminado por rayos de luz y ventanas paisajísticas que miran hacia la ciudad de Temuco.

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Alcanzando su cumbre a 230 sobre el nivel del mar, la procesión arquitectónica se establece por una escalera que llega a una gran terraza, un plano horizontal en la cumbre. Este plano horizontal se convierte en un gesto arquitectónico que eleva la mirada sobre el territorio, dando tamaño, escala y magnitud al valle de la ciudad, configurando su identidad. Se establece la morfología de este valle, donde el vacío lo mide el cerro Conunhueno que enfrenta al cerro Ñielol, y donde se vislumbra en su parte baja el río Cautín como una avenida diagonal de agua. Entonces, ¿cómo construir un proyecto arquitectónico que habite el acto de ascender y que logre enmarcar el paisaje de este territorio?

© Andrew Pielage© Andrew Pielage

Volviendo a la identidad de las viviendas tradicionales de Temuco, las casas antiguas tenían un vestíbulo; una puerta doble antes de entrar en la intimidad de la casa. Este pequeño espacio tenía una puerta con vidrieras; un velo de luz que permitía vislumbrar sin descubrir completamente el interior. Por eso, al caminar desde la calle, el paso se acortaba al vislumbrar la silueta de un interior. Esta observación de la antigua vivienda de Temuco era lo que queríamos conservar.

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Desde mi experiencia construyendo y diseñando “El Refugio Atalaya” en Taliesin West (del arquitecto Frank Lloyd Wright), trato de explorar un principio de cómo elevar o suspender la construcción arquitectónica, mientras una secuencia de llegadas se convierte en una procesión arquitectónica donde la experiencia del habitante es calificado por la luz. Esto forma el espacio y la ubicación. El proyecto busca encontrar una medida, una escala entre el cielo, los árboles y la plataforma existente.

El mirador anterior ya tenía 40 años con evidente deterioro estructural. El estudio estructural y arquitectónico estableció que el objetivo era recuperar y reforzar las bases de hormigón existentes y conservar los cuatro pilares de ciprés existentes y construir sobre ellos un nuevo cuerpo con madera de pino oregón. La parte superior del proyecto es una renovación completa de la estructura de vigilancia que existía. Para las uniones y eslabones se utilizaron tornillos estructurales Rothoblaas.

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Se establece una doble altura a partir de una base de cuatro por cuatro metros, incorporando un puente como acceso principal, definiendo un umbral de sombra a contraluz. Al partir de esta zona comprimida, el espacio se dilata revelando la altura, medida por la mirada. El primer nivel tiene una ventana continua inferior que permite al visitante sentarse y contemplar la ciudad desde su geografía aérea. Esta altura es matizada por la celosía de madera, que como un velo de luz deja ver el follaje del paisaje del bosque nativo. Al segundo nivel se accede por medio de la escalera, elemento arquitectónico que pasa de interior a exterior, rematando en un balcón superior que conforma el segundo nivel. El visitante ahora está elevado en el perfil aéreo de la cumbre.

Al mencionar este proyecto a Fernando Pérez Oyarzun, mencionó cómo Alberto Cruz hablaba de “La Altura y la Altitud”. De alguna manera, el proyecto construye una nueva altura para la ciudad de Temuco y se convierte en un espacio de encuentro urbano y un regalo para el habitante. Como dijo Frank Lloyd Wright en su libro El futuro de la arquitectura: “Si la cosa tiene éxito (el esfuerzo del arquitecto) no puedes imaginar esa casa o esa obra en otro lugar que no sea donde está. Es una gracia a su entorno, en lugar de deshonrarlo.” El proyecto se convirtió en un regalo para el lugar.

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Fuente: АrсhDаilу

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